CÓMO ADENTRARSE EN EL LABERINTO Y DAR CAZA A TU MINOTAURO

Hagamos un ejercicio juntos… Piensa en algún desafío que te hayas propuesto.

¿Lo tienes?

Ahora piensa en porque en la gran mayoría de ocasiones no se consigue. No tengo la respuesta a eso, no es mi campo. Aunque, tengo alguna teoría que quizá algún día comparta contigo.

Veamos, mmmm…

¡Vayamos a cazar al Minotauro! ¿Eso acojona eh?

Los desafíos que provocan cambios producen ese efecto.

Material necesario: objeto punzante, ovillo de hilo y un par de lo que sea que tengas, para meterte en el laberinto que te llevará hasta tu objetivo.

Todo está muy oscuro, jamás habías estado en una situación así.

A los pocos pasos tu motivación inicial se esfuma.

No oyes nada, no ves nada…

No hay ni un solo ruido.

No pasa nada…

Las gotas que caen del techo del laberinto son tu único estímulo sensorial. Hasta que en lo más profundo oyes un gran rugido.

Tu fe en ti mismo se tambalea.

El mundo se divide en dos categorías, los que siguen los rugidos a pesar de que tiemblen las piernas y los que al salir dicen que en realidad todo es un mito.

Puede que sigas o puede que no. Puede que encuentres a tu Minotauro o puede que no. Puede que una vez huelas su aliento en tu cara te enfrentes o no. Y puede que venzas o puede que caigas en el intento.

Pero lo más importante es algo que por el momento hemos obviado.

Si te adentras en un laberinto y por fin logras vencer a tus miedos, no olvides nunca de donde vienes o estarás perdido.

Usa tus medios. Utiliza tu hilo.

El proceso es fundamental.

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