LA COSTUMBRE QUE DEBES ELIMINAR SI VIVES EN UN PUEBLO

Mi primer gran trayecto caminando fue al colegio. Al nacer en los 80, estuve más de 8 años haciendo el mismo recorrido cada día.

Nací en una gran ciudad, y todo el mundo hacía lo mismo. Dabas por supuesto que formaba parte de la rutina matutina.

Ni una queja.

O eso creo recordar.

Era mucho más duro despertarse que hacer el recorrido que separaba mi casa de la entrada de la escuela. Juraría que, contando todas las carreras que hacía de ida y vuelta, duplicaba el recorrido.

Luego llego el camino al instituto.

Bastante más largo. Y ya algún compañero iba en metro.

Vagos…

La excusa era que se lo pagaban sus padres.

El camino a la discoteca, que según el día se te hacía más corto o más largo.

Y por último llegó el viaje a la universidad. No había más remedio que coger el transporte público, pero aún así tenía una buena caminata, porque me ahorraba a propósito el último bus.

No tuve coche hasta los 24 o los 25.

Me lo compré yo, evidentemente.

Ahora vivo en un pueblo. Aquí la gente coge el coche hasta para ir a la tienda de la esquina.

Al no haber problemas de aparcamiento, y apurando hasta última hora, pues es lo más rápido.

Yo por mi parte sigo caminando. No solo porque encuentre absurdo usar el coche para recorrer distancias cortas.

Si no porque no me supone un esfuerzo hacerlo.

Cuando la motivación desaparece, queda el hábito.

No te plantees objetivos de bajar peso o de conseguir “x” resultado. Plantéate la creación de una costumbre.

Los resultados serán la consecuencia.

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